La otra cosa licenciosa de la que quería hablar está abajo. La nueva cámara compacta de Fuji, la Finepix x100. Es una cámara compacta con prestaciones profesionales, y además, un objeto delicioso del que uno puede enamorarse. Las cámaras digitales, si exceptuamos la brava resistencia del muestrario de Leica, son objetos de usar y tirar. Y lo importante no es tanto que sus prestaciones quedan obsoletas en seis meses, sino que son tan feas e impersonales que uno no las puede hacer suyas por más que se esfuerce. Fuji se ha vestido de Leica y amenaza con tumbarle la preciosa Leica X1, la apuesta de firma germana en esta categoría de producto. En cámaras, mientras no se demuestre lo contrario, la belleza se asocia con el mundo antiguo; de hierro, manualidades y carretes. Los experimentos estéticos futuristas todavía están por cuajar. La Fuji X100 apuesta por un envoltorio que se remite efectivamente al mundo antiguo.
Esta camarita tiene un sensor APS-C, mucho más grande que las micro-cuatro-tercios y un poco más pequeño que el full frame, una lente fija de calidad y muy luminosa (F2), controles manuales a la antigua usanza y una opción de vídeo HD (720p) que no está nada mal. La he probado. Es fantástica incluso para ligar, pues no hay desconocido/a que se resista a decirte algo sobre su encanto. Tal vez la única pega es la incomodidad de acceso a algunas opciones de los menús internos. Vale mil eurillos "de nada".
El interés de la foto del bogavante radica en que está hecha en condiciones extremas; a mano alzada, a 1/15s, con un par de gintonics en el cuerpo, a ISO 1000 y a F2. Aguanta, vaya si aguanta.
Un saludo,
Juan S. Rodríguez Moranta
